viernes, 22 de noviembre de 2013

DEL ALTO DUERO (poemas)

De mi poemario "Del Alto Duero", una selección de poemas con los que se inicia el libro. Es un adelanto a la próxima edición del libro que abarca un total de 2300 versos y en los que se le canta a la tierra de Soria, su luz, su energía, sus hombres y mujeres, sus niños, sus ancianos.


Panorámica del Tera vista desde Numancia


Numancia


Desde la derrota el peso
de la historia te lanzó al rincón
del olvido y al ostracismo,
te condenaron a escribir tu nombre
en los mapas del abandono,
donde aseguran que reside la memoria
jamás escrita de los pueblos vencidos,
y sólo pervivió el recuerdo de una gesta
innecesaria, heroica, dicen, pero inútil.

Más tarde, para tus gentes, llegaría
el sometimiento a los designios
de los vencedores, transformando la arrogancia
en sumisión, la decisión de pervivencia,
en obediencia ciega. Desde la luz
y la libertad de tus parameras viajaron
a las sombras de la esclavitud, y renunciaron
al precioso tesoro de la personalidad,
que adorna los atributos del hombre.

Y se sucedieron los años, las décadas,
los siglos e, incluso, los milenios,
y el escarnio se fue acrecentando
relegando tú presencia a los renglones
de la historia no escrita, allá donde
dicen que reside el olvido, y a los tópicos
de la memoria mal interpretada, donde
la injusticia somete a los pueblos luego
de cribarlos en el tamiz de la ignorancia.

Y el desconocimiento se adueñó de tus gentes
en cuyas mentes, antaño, floreciera la cultura,
y el hombre perdió su capacidad de lucha
en las tierras que antaño empuñara su espada,
y el pueblo abandonó el futuro aferrado
a recuerdos de un pretérito esplendor,
y, pasado el tiempo, fueron educados
en la terrible represión y pavoroso fracaso,
para que nunca más levantaran la cabeza.

¡Ay!, ¡Numancia!, ¡Numancia!,
¿qué has hecho de la arrogancia de aquellos
tus hijos que fueran el terror del imperio?,
¿dónde se encuentran los hombres
que levantaron tus murallas para acoger
a la mano amiga y defenderte de enemigos?
¿por qué acallas desde tus ruinas
la impotencia de un pueblo que se regodea
en la constante ignominia de la derrota?

¿Quién es el dios, injusto, que les ha sometido
negándoles el pan y la sal del futuro?
¡Dime, dime!, ¿quién negó al hombre su esencia
de hombre, para que dejara de ser hombre
transformándole en mero esclavo servidor?
¿Qué dios, desconocido, permite tales tropelías
en nombre de una vida anónima, donde el ser
anodino es el pan nuestro de cada día, puesto
que en la derrota perdió su rosa de los vientos?

¡Ay, destino, destino!, que vendrás un día
enarbolando la antorcha de la libertad,
para alumbrar el camino a los hijos de la alta
meseta soriana; y llegarás con la luz
del conocimiento –remirándose en las aguas
del Tera, Merdancho y Duero- para traspasarla
a los hijos de las generaciones futuras,
aquellos que nacerán confiados a la vida pues
sus padres habrán perdido el sentido de la derrota.

No permitas, Numancia, que tus hijos
continúen adorando la humillación que anida
en sus almas, adórnales con el coraje de vivir
para que sientan el pulso de la vida; devuélveles,
a tus hombres y mujeres, la arrogancia del ser libre,
mientras otean el horizonte al encuentro con un futuro 
menos incierto; entrégales la dignidad del pueblo
que te construyó, para que alcen sus cabezas al viento
y su individualidad se conforme en torno a sus compañeros.

Permíteles que se reencuentren en la armonía
de los tiempos con la armonía de sus antepasados,
allende las llanuras, de las montañas y de los mares;
en especial aquí, en el interior de esta tierra hosca
y dura que estoicamente soporta tu presencia.
Que el río sea río y la roca sea roca, flexibilidad
y fuerza en las manos del hombre numantino,
con las que sostenga la frágil vida de sus hijos,

que nacerán confiados a la protección de un padre libre.


La Fuentona al atardecer.

La Fuentona


La tarde te pinta de oros,
dorada luz que en primavera
suspira antes de su partida;
se marcha a su cama de fantasía
y retornará en la cuna del alba,
Luz de oro en el crepúsculo
para regocijo del alma de los hombres.
Policromía de naturaleza virgen
para el solaz de los sentidos,
que abruma el espíritu de la sensualidad;
y la mujer se extasía ante
la belleza plena del instante vívido.

Luz de oro en el agua del río,
en la vegetación de la ribera
y en las rocas, al bies, de farallones grises.
Luz de oro en la faz de mi compañera,
que me toma la mano,
para sentir, más si cabe,
el instante efímero de luz dorada
que también alumbra mi rostro.

Desde las oscura entraña de la sierra
emerge el agua hasta mi luz dorada,
algún día levantará el vuelo hacia el Sol
abrazada a su destino y al de la estrella.


Rollo gótico de Berlanga de Duero

Berlanga


Castellana población en castellana tierra,
eludió el Cid la sombra de tus murallas,
en la noche, camino del destierro,
al encuentro con la gloria de su destino.

De civilización en civilización
los hombres trabajaron tu bella estampa,
conformándote de acuerdo
a los tiempos, también a sus técnicas
y modas de las épocas, ¡qué todo cuenta, amiga!

Castro celtíbero, de seguido ciudad,
dejó paso al asentamiento romano,
más tarde visigodo y luego árabe,
finalmente cristiano y mozárabe.
Y todos acicalaron los balcones con la luz de tus cielos

Los cubos de tu fortaleza
se elevan mayestáticos, al azul,
iridiscentes de tanta luz de páramos,
que también se posa en el hermoso rollo
de piedra blanca labrada al estilo gótico.

Población de calles porticadas,
piedra y madera hacen sombra.
Agua y cal te pintan de blanco,
persiguiendo el serpenteo de tus callejas
al sol del mediodía en la canícula del estío.

Castellana población en castellana tierra,
el guerrero Almanzor, ¡herido va, herido va!,
recostado en palenque de terciopelo,
al encuentro de la muerte en Bordecores.


Puente romano de Medinaceli

Medinaceli


Desde el Este llegaría la luz del Sol
para alumbrar tu nombre, Ocilis,
ciudad que fuiste de los belos;
desde el Sur la cultura del hombre
para iluminar tu espíritu, Medina.
Fortaleza inexpugnable en la raya
de la frontera que defendiste,
y que Duero delimitaba en su curso
hacia el lejano océano Atlántico.

¡Medinaceli del caudillo Almanzor!,
el que murió camino de tu casa,
contemplas el amanecer desde tu arco
romano y por sus ojos te entra la luz.
Luz  de antorchas que ya antaño
portara el toro de fuego en sus astas,
el que incansable persigue al hombre
en su rito iniciático, y es acosado
por el hombre que desea ser iniciado.
Toro, luz y hombre, al encuentro
de la verdad del hombre, que se debate
en la dualidad de la existencia,
lucha contra la angustia vital
y persigue la senda, inconclusa,
de  la perfección de su espíritu.

Hacia el Oeste, ¡Medina de Almanzor!, se va
la luz, ¡se va!, caminito de su renacimiento
en la alborada de un nuevo amanecer,
cuando tu arco abra los ojos al día recién llegado.


Foto Alejandro Pastor, tomada de Google


Valonsadero


Despierta toro, despierta,
que la noche es corta
-breve, breve, breve-,
y el estruendo de la fiesta
aturde Cañada Honda,
en el solsticio de verano.

Ya los jóvenes acuden
al amparo de las sombras,
bajo la luna nueva
ya traen consigo la luz,
del nuevo alba que vendrá
aupado en la emoción.

Ya asoma en sus rostros
la sangre ardiente, de arrojo,
inconsciencia y pasión.
Ya llegan ya llegan,
a Cañada Honda
afluyen con decisión.

Vienen por tu fuerza toro,
por tu arrogancia toro,
por tu bravura toro,
para vencerte
en el rito celtíbero
del solsticio de verano.

Cuando toro y hombre
se buscan en la pradera,
cuerpo a cuerpo,
carrera a carrera,
sobre roca o sobre tierra,
a campo abierto.

Despierta toro despierta
al alba de tus recuerdos.
Con tu frente de jarales
y tu aroma de romeros
abre los ojos al cielo,
¡mira que ya llega el sol!



El Río Negro a su paso por Salduero

Salduero

Liviana,
pasa el agua por su caminito
del río negro frente a tus casas
de piedra robada a las rocas.

El niño Duero se arrulla
en su despertar a la vida,
y el canto de sus aguas
apenas es perceptible al oído.

Los tocones de piedra hacen de puente
y los niños juegan, indolentes,
a traspasar la alfombra de agua
que se desliza bajo sus pies diminutos.

Es un juego de infancias,
la infancia de los niños
y la infancia del río negro
jugando a pillarse.

El agua se escapa,
por más que insistan
el agua se escapa
caminito de la mar.

Los niños van también
caminito del mar,
algún día, muy lejano,
se encontrarán en la mar.

Caminito de la mar,
caminito de la mar,
los niños juegan al sol
de la tarde de cristal.


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