De mi poemario "Del Alto Duero", una selección de poemas con los que se inicia el libro. Es un adelanto a la próxima edición del libro que abarca un total de 2300 versos y en los que se le canta a la tierra de Soria, su luz, su energía, sus hombres y mujeres, sus niños, sus ancianos.
Numancia
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| Panorámica del Tera vista desde Numancia |
Numancia
Desde
la derrota el peso
de
la historia te lanzó al rincón
del
olvido y al ostracismo,
te
condenaron a escribir tu nombre
en
los mapas del abandono,
donde
aseguran que reside la memoria
jamás
escrita de los pueblos vencidos,
y
sólo pervivió el recuerdo de una gesta
innecesaria,
heroica, dicen, pero inútil.
Más
tarde, para tus gentes, llegaría
el
sometimiento a los designios
de
los vencedores, transformando la arrogancia
en
sumisión, la decisión de pervivencia,
en
obediencia ciega. Desde la luz
y
la libertad de tus parameras viajaron
a
las sombras de la esclavitud, y renunciaron
al
precioso tesoro de la personalidad,
que
adorna los atributos del hombre.
Y
se sucedieron los años, las décadas,
los
siglos e, incluso, los milenios,
y
el escarnio se fue acrecentando
relegando
tú presencia a los renglones
de
la historia no escrita, allá donde
dicen
que reside el olvido, y a los tópicos
de
la memoria mal interpretada, donde
la
injusticia somete a los pueblos luego
de
cribarlos en el tamiz de la ignorancia.
Y
el desconocimiento se adueñó de tus gentes
en
cuyas mentes, antaño, floreciera la cultura,
y
el hombre perdió su capacidad de lucha
en
las tierras que antaño empuñara su espada,
y
el pueblo abandonó el futuro aferrado
a
recuerdos de un pretérito esplendor,
y,
pasado el tiempo, fueron educados
en
la terrible represión y pavoroso fracaso,
para
que nunca más levantaran la cabeza.
¡Ay!,
¡Numancia!, ¡Numancia!,
¿qué
has hecho de la arrogancia de aquellos
tus
hijos que fueran el terror del imperio?,
¿dónde
se encuentran los hombres
que
levantaron tus murallas para acoger
a
la mano amiga y defenderte de enemigos?
¿por
qué acallas desde tus ruinas
la
impotencia de un pueblo que se regodea
en
la constante ignominia de la derrota?
¿Quién
es el dios, injusto, que les ha sometido
negándoles
el pan y la sal del futuro?
¡Dime,
dime!, ¿quién negó al hombre su esencia
de
hombre, para que dejara de ser hombre
transformándole
en mero esclavo servidor?
¿Qué
dios, desconocido, permite tales tropelías
en
nombre de una vida anónima, donde el ser
anodino
es el pan nuestro de cada día, puesto
que
en la derrota perdió su rosa de los vientos?
¡Ay,
destino, destino!, que vendrás un día
enarbolando
la antorcha de la libertad,
para
alumbrar el camino a los hijos de la alta
meseta
soriana; y llegarás con la luz
del
conocimiento –remirándose en las aguas
del
Tera, Merdancho y Duero- para traspasarla
a
los hijos de las generaciones futuras,
aquellos
que nacerán confiados a la vida pues
sus
padres habrán perdido el sentido de la derrota.
No
permitas, Numancia, que tus hijos
continúen
adorando la humillación que anida
en
sus almas, adórnales con el coraje de vivir
para
que sientan el pulso de la vida; devuélveles,
a
tus hombres y mujeres, la arrogancia del ser libre,
mientras
otean el horizonte al encuentro con un futuro
menos
incierto; entrégales la dignidad del pueblo
que
te construyó, para que alcen sus cabezas al viento
y
su individualidad se conforme en torno a sus compañeros.
Permíteles
que se reencuentren en la armonía
de
los tiempos con la armonía de sus antepasados,
allende
las llanuras, de las montañas y de los mares;
en
especial aquí, en el interior de esta tierra hosca
y
dura que estoicamente soporta tu presencia.
Que
el río sea río y la roca sea roca, flexibilidad
y
fuerza en las manos del hombre numantino,
con
las que sostenga la frágil vida de sus hijos,
que
nacerán confiados a la protección de un padre libre.
La Fuentona
La tarde te pinta de oros,
dorada luz que en primavera
suspira antes de su partida;
se marcha a su cama de fantasía
y retornará en la cuna del alba,
Luz de oro en el crepúsculo
para regocijo del alma de los hombres.
Policromía de naturaleza virgen
para el solaz de los sentidos,
que abruma el espíritu de la sensualidad;
y la mujer se extasía ante
la belleza plena del instante vívido.
Luz de oro en el agua del río,
en la vegetación de la ribera
y en las rocas, al bies, de farallones
grises.
Luz de oro en la faz de mi compañera,
que me toma la mano,
para sentir, más si cabe,
el instante efímero de luz dorada
que también alumbra mi rostro.
Desde las oscura entraña de la sierra
emerge el agua hasta mi luz dorada,
algún día levantará el vuelo hacia el Sol
abrazada a su destino y al de la estrella.
Berlanga
Castellana población en castellana tierra,
eludió el Cid la sombra de tus murallas,
en la noche, camino del destierro,
al encuentro con la gloria de su destino.
De civilización en civilización
los hombres trabajaron tu bella estampa,
conformándote de acuerdo
a los tiempos, también a sus técnicas
y modas de las épocas, ¡qué todo cuenta,
amiga!
Castro celtíbero, de seguido ciudad,
dejó paso al asentamiento romano,
más tarde visigodo y luego árabe,
finalmente cristiano y mozárabe.
Y todos acicalaron los balcones con la luz
de tus cielos
Los cubos de tu fortaleza
se elevan mayestáticos, al azul,
iridiscentes de tanta luz de páramos,
que también se posa en el hermoso rollo
de piedra blanca labrada al estilo gótico.
Población de calles porticadas,
piedra y madera hacen sombra.
Agua y cal te pintan de blanco,
persiguiendo el serpenteo de tus callejas
al sol del mediodía en la canícula del
estío.
Castellana población en castellana tierra,
el guerrero Almanzor, ¡herido va, herido
va!,
recostado en palenque de terciopelo,
al encuentro de la muerte en Bordecores.
Desde
el Este llegaría la luz del Sol
para
alumbrar tu nombre, Ocilis,
ciudad
que fuiste de los belos;
desde
el Sur la cultura del hombre
para
iluminar tu espíritu, Medina.
Fortaleza
inexpugnable en la raya
de
la frontera que defendiste,
y
que Duero delimitaba en su curso
hacia
el lejano océano Atlántico.
¡Medinaceli
del caudillo Almanzor!,
el
que murió camino de tu casa,
contemplas
el amanecer desde tu arco
romano
y por sus ojos te entra la luz.
Luz de antorchas que ya antaño
portara
el toro de fuego en sus astas,
el
que incansable persigue al hombre
en
su rito iniciático, y es acosado
por
el hombre que desea ser iniciado.
Toro,
luz y hombre, al encuentro
de
la verdad del hombre, que se debate
en
la dualidad de la existencia,
lucha
contra la angustia vital
y
persigue la senda, inconclusa,
de
la perfección de su espíritu.
Hacia
el Oeste, ¡Medina de Almanzor!, se va
la
luz, ¡se va!, caminito de su renacimiento
en
la alborada de un nuevo amanecer,
cuando
tu arco abra los ojos al día recién llegado.
Valonsadero
Despierta
toro, despierta,
que
la noche es corta
-breve,
breve, breve-,
y
el estruendo de la fiesta
aturde
Cañada Honda,
en
el solsticio de verano.
Ya
los jóvenes acuden
al
amparo de las sombras,
bajo
la luna nueva
ya
traen consigo la luz,
del
nuevo alba que vendrá
aupado
en la emoción.
Ya
asoma en sus rostros
la
sangre ardiente, de arrojo,
inconsciencia
y pasión.
Ya
llegan ya llegan,
a
Cañada Honda
afluyen
con decisión.
Vienen
por tu fuerza toro,
por
tu arrogancia toro,
por
tu bravura toro,
para
vencerte
en
el rito celtíbero
del
solsticio de verano.
Cuando
toro y hombre
se
buscan en la pradera,
cuerpo
a cuerpo,
carrera
a carrera,
sobre
roca o sobre tierra,
a
campo abierto.
Despierta
toro despierta
al
alba de tus recuerdos.
Con
tu frente de jarales
y
tu aroma de romeros
abre
los ojos al cielo,
¡mira
que ya llega el sol!
Liviana,
pasa el agua por su caminito
del río negro frente a tus casas
de piedra robada a las rocas.
El niño Duero se arrulla
en su despertar a la vida,
y el canto de sus aguas
apenas es perceptible al oído.
Los tocones de piedra hacen de puente
y los niños juegan, indolentes,
a traspasar la alfombra de agua
que se desliza bajo sus pies diminutos.
Es un juego de infancias,
la infancia de los niños
y la infancia del río negro
jugando a pillarse.
El agua se escapa,
por más que insistan
el agua se escapa
caminito de la mar.
Los niños van también
caminito del mar,
algún día, muy lejano,
se encontrarán en la mar.
Caminito de la mar,
caminito de la mar,
los niños juegan al sol
de la tarde de cristal.





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