La cárcel de mi existencia, la cárcel de mi angustia
NOTA: Desde estas líneas mi agradecimiento a mis amigos poetas de Sevilla, fueron ellos quienes a finales del mes de febrero me invitaron a participar en el recital que preparaban en común con los presos del penal de Sevilla, invitación a la que accedí gustoso y que trajo como consecuencia el inicio de este poemario hoy en día terminado y corregido.
Debo confesar que en mi no existía ningún precedente al respecto en cuanto a la temática que este poemario trata. Simplemente me limité a aceptar y escribir los dos primeros trabajos para enviárselos a ellos, lo cual hice gustoso; pero ya la vena creativa se había incendiado en mi interior y fue entonces cuando surgió la necesidad de escribir un poemario entero con la temática que aquí nos ocupa. Así de sencillo, es cuestión de dejarse llevar por la capacidad de introspección, ahondar en el alma y hurgando aquí allá ir asacando los diferentes poemas que componen el trabajo. Estoy muy satisfecho del resultado y todo se lo debo a ellos, así que, insisto, nunca dejaré de estar suficientemente agradecido a esas geniales personas, de la preciosa ciudad que tanto añoro.
Los poemas fueron escritos siguiendo el siguiente proceso: primero escribí el poema en verso y seguidamente en prosa, siempre relacionados con la misma temática. Bajo ningún concepto se mezclaron poemas y textos en prosa indiscriminadamente, ante todo orden y concierto, concordancia. Espero que disfrutéis con su lectura. Gracias, SEVILLA, por darme tanto trabajo en tampoco tiempo. Un abrazo poetas.
| Vaso del que bebe mi alma |
Apertura
Los hombres
persiguen
a los
hombres,
los hombres
acosan
a los
hombres,
los hombres
esclavizan
a los
hombres,
los hombres
violentan
a los
hombres,
los hombres
matan
a los
hombres.
Los hombres,
los hombres…
Algún día
será, cuando
el hombre
recupere
su dignidad
de hombre,
pensará como
hombre,
actuará como
hombre,
trabajará
como hombre,
se
comportará como hombre;
algún día,
algún día,
en él que el
hombre
se eleve
desde su dignidad
de hombre
hasta
el infinito
de la existencia.
Allí hallará la expresión
pura de los
hombres,
su
esencialidad espiritual;
que le
hablará de concordia,
entendimiento
y hermandad,
de sabiduría
y conocimiento,
de armonía
que le animará
a despreciar
el caos.
Y no habrá
lugar para
la guerra,
tampoco
para la
persecución,
la violencia
generalizada,
ni las
falsas libertades.
Y el hombre
se erguirá
desde su
proyección
de hombre y
divisará
todos los
caminos
marcados en
la tierra
por las
generaciones
que les
precedieron.
Una tras
otra fueron
creando los
pasos,
apartando
rocas,
vadeando
ríos…
Y las sendas
se fueron
ensanchando,
progresivamente,
y luego de
miles
de
generaciones
se formaron
los caminos
del nuevo
humanismo…
Los hombres
persiguen
a los
hombres,
los hombres
acosan
a los
hombres,
los hombres
esclavizan
a los
hombres,
los hombres
violentan
a los
hombres,
los hombres
matan
a los
hombres.
Los hombres,
los hombres…
Preso
| Caminos intangibles del alma humana. |
II
No son las
cadenas
que un buen
día arranqué,
tampoco las
cárceles
que de
fuerte manotazo derribé,
ni tan
siquiera los grilletes
que con
paciencia fui limando
para liberar
mis manos
y
encadenarlas a tu cintura,
por siempre;
para toda
la eternidad
sería tu prisionero,
aun a pesar
de los pesares
renunciaría
a mi libertad
y me
declararía preso de tu amor.
Y así pasen
cien años
y mis dedos
se hundan
en tus
caderas y se conviertan
en carne de
tu carne
en el
renacer de mi ser
andrógino,
conformado
en la
confluencia de tu vida y mi vida.
Preso y postrado
Eran los ojos ciegos del sueño quienes veían tu espectro ondulante de
luz y ritmo, quietamente mi ser permanecía embelesado, esperando el milagro de
liberarme de la cárcel de mi cuerpo para iniciar el vuelo que había de llevarme
a tu presencia. Una fuerza brutal me retenía acostado sobre el catre de mi
celda, por más que me esforzaba todo era inútil, no había modo de superarla. El
paraíso de tu cuerpo estaba en ti y yo permanecía prisionero de aquella fuerza
descomunal postrado en el desierto de mi soledad; anhelando llegar a tu lado y
fundirme en tu carne, cálida y blanca como bosque de calas, al encuentro de la
fragancia de tu aroma, la pureza de tu alma, la nobleza y rectitud de tu
espíritu mil milenario.
Nada que hacer, postrado, preso, alicortadas mis alas permanecí el
tiempo del sueño sobre el catre de mis desventuras, esperando el milagro de mi
liberación que habría de propiciar nuestro encuentro. Cuando la presión cesó yo
creí que podría liberarme y llegar a ti, pero la sirena de la cárcel me
despertó a la terrible realidad del momento; el tiempo de dormir había
concluido y se iniciaba una nueva andadura por los fríos corredores de la nada.
Fue patético, te lo juro, aquella mañana mi alma quedó aterida de espanto.
![]() |
| Mi casa es la casa del sol. |
La Cárcel de mi Existencia
IV
Aquel, que en mi infancia fuera
mi amigo, me ha abandonado.
Recuerdo, cuando de niño,
yo le ofrecía mi rostro de leche
al viento obstinado; a mi llamada
llegaba raudo y nos poníamos
a charlar, y nos entendíamos
bien en aquellos diálogos
ingenuos que manteníamos
en los llanos de la alta meseta
del Duero. A mí me encantaba
apreciar su fuerza cuando soplaba
de cierzo, poderosa e invisible,
y a él le enamoraba mi insistencia.
Ahora que la cárcel de mi existencia
se ha hecho impenetrable, añoro
al amigo perdido, aquel que me diera
alegrías con mimo y acariciara mi cara.
Estoy sordo, ya no puedo escuchar sus ecos
que permanecen en el anonimato del silencio.
La Cárcel de mi Existencia y el Viento
Bajo la luna el viento obstinado
era estremecedor, rugía como manada de lobos en la sierra al amparo de las
sombras de la noche. En la viaja casa familiar ululaba sobre el tejado, hacía
retemblarse los cristales de las ventanas y amenazaba con devorarnos de un
momento a otro. En el hogar, la marmita borbollaba en el modesto fuego, y mis
padres y hermanos hablaban de las cosas familiares hasta la hora de la cena;
pero yo permanecía ausente, no podía taparme los oídos al sonido que insistente
penetraba por el hueco de la gran chimenea. Me fascinaba su poderío y permanecía
atento a cuantos cambios de registro se produjeran en sus notas; en ocasiones
suaves y, en otras, como de acabarse el mundo precipitándose sobre nuestras
cabezas. A mí no me asustaba, seguía los tiempos del concierto atento a su
pentagrama, fascinado ante la belleza de aquella música.
Ahora, desde la cárcel de mi existencia, ya no escucho el sonido del
viento, las alegrías se han acabado del mismo modo a como se agota el agua en
el desierto, por absorción en la arena estéril. La carne se ha aflojado y me
falta la fuerza que en tiempos era generosa conmigo; apenas percibo la luz y me
sumerjo en mi mundo de tinieblas temeroso de cuanto me rodea. Abandonado a mi
suerte lamento la pérdida del esplendor de mi vida, que se fue agotando al
borde de los caminos por donde transité.
![]() |
| Porque el hombre debe ollar la tierra al encuentro de su sí mismos. |
La Cárcel de mi Angustia
I
Demasiados
ruidos
en el
entorno de la ciudad
para que sea
factible
la
liberación del alma,
que se
acongoja
pensando en
la fría
soledad
revestida
de hormigón
y asfalto.
¿Será que la
tecnología
angustia el
alma del hombre?
No sé qué pensar, hoy
me siento abatido; desde
la cárcel de mi angustia limosneo
migajas de libertad, para
saciar el hambre de mi alma
antes que muera de inanición,
ahogando sus últimos gritos
por aquello de ser discreta
y prefiera pasar desapercibida
del resto de las gentes.
La Cárcel de mi Angustia y la Varita Mágica
Por más que lo intento no encuentro la varita mágica que, siendo niño,
me regaló el hada de mis sueños en mi primer cumpleaños; necesito encontrarla
porque la angustia de vivir ya es una montaña insalvable y no hallo la fórmula
para vencerla y así poder encontrar un poco de alivio, algo de calma y unas
dosis de felicidad. Atrás van quedando uno tras otro los años vividos que se
desprenden de las cuentas de mi collar del destino, y yo, por aquello del
cansancio vital, cada vez arrastro más los pies al andar, señal inequívoca de
que empiezan a faltarme las fuerzas. Sea como fuere tengo la obligación de
luchar hasta el final y es lo que pienso hacer; aunque es verdad que me gustaría
que la vida tuviera la delicadeza de regalarme los dos últimos años para
convertirlos, simplemente, en sabáticos, de modo que yo pudiera viajar y
tocarme las narices a dos manos.
A veces creo que mi alma está demasiado dolida, pero no quiero quejarme
en demasía para que el día de mañana, cuando me muera, los cretinos no me
llamen el llorón; y digo cretinos porque estoy seguro de que si yo les apunto a
la cabeza, sus nombres, no se atreverán tan fácilmente a meterse con mi
personaje histórico, para despachar cuantas memeces tengan a bien inventarse.
Para mi horror todavía siguen insultando a la gran poeta, Rosalía de Castro,
llamándola la llorona, supongo que eso lo hacen porque fue mujer, cosas de los
prejuicios. La mujer que yo admito y que en vida fuera madre de la poesía
social “Castellanos de Castilla”, y gran defensora de los bosques galaicos,
poesía de la naturaleza. Con independencia de estas reflexiones, puedo
aseguraros que mi alma sí está dolida, ¡claro que sí!; es la angustia vital del
día a día que produce vivir en una sociedad de ignorantes esclavos,
predispuestos a proclamar a los cuatro vientos las consignas de su esclavitud
que ha usurpado la libertad natural de los hombres.
![]() |
| En algún lugar encontraré la puerta para encaminarme a lejos. |



No hay comentarios:
Publicar un comentario