jueves, 16 de mayo de 2013

LA CÁRCEL DE MI EXISTENCIA, LA CÁRCEL DE MI ANGUSTIA



La cárcel de mi existencia, la cárcel de mi angustia

NOTA: Desde estas líneas mi agradecimiento a mis amigos poetas de Sevilla, fueron ellos quienes a finales del mes de febrero me invitaron a participar en el recital que preparaban en común con los presos del penal de Sevilla, invitación a la que accedí gustoso y que trajo como consecuencia el inicio de este poemario hoy en día terminado y corregido. 

Debo confesar que en mi no existía ningún precedente al respecto en cuanto a la temática que este poemario trata. Simplemente me limité a aceptar y escribir los dos primeros trabajos para enviárselos a ellos, lo cual hice gustoso; pero ya la vena creativa se había incendiado en mi interior y fue entonces cuando surgió la necesidad de escribir un poemario entero con la temática que aquí nos ocupa. Así de sencillo, es cuestión de dejarse llevar por la capacidad de introspección, ahondar en el alma y hurgando aquí allá ir asacando los diferentes poemas que componen el trabajo. Estoy muy satisfecho del resultado y todo se lo debo a ellos, así que, insisto, nunca dejaré de estar suficientemente agradecido a esas geniales personas, de la preciosa ciudad que tanto añoro.

Los poemas fueron escritos siguiendo el siguiente proceso: primero escribí el poema en verso y seguidamente en prosa, siempre relacionados con la misma temática. Bajo ningún concepto se mezclaron poemas y textos en prosa indiscriminadamente, ante todo orden y concierto, concordancia. Espero que disfrutéis con su lectura. Gracias, SEVILLA, por darme tanto trabajo en tampoco tiempo. Un abrazo poetas.


Vaso del que bebe mi alma
Apertura

Los hombres persiguen
a los hombres,
los hombres acosan
a los hombres,
los hombres esclavizan
a los hombres,
los hombres violentan
a los hombres,
los hombres matan
a los hombres.
Los hombres, los hombres…

Algún día será, cuando
el hombre recupere
su dignidad de hombre,
pensará como hombre,
actuará como hombre,
trabajará como hombre,
se comportará como hombre;
algún día, algún día,
en él que el hombre
se eleve desde su dignidad
de hombre hasta
el infinito de la existencia.
Allí  hallará la expresión
pura de los hombres,
su esencialidad espiritual;
que le hablará de concordia,
entendimiento y hermandad,
de sabiduría y conocimiento,
de armonía que le animará
a despreciar el caos.
Y no habrá lugar para
la guerra, tampoco
para la persecución,
la violencia generalizada,
ni las falsas libertades.


Y el hombre se erguirá
desde su proyección
de hombre y divisará
todos los caminos
marcados en la tierra
por las generaciones
que les precedieron.
Una tras otra fueron
creando los pasos,
apartando rocas,
vadeando ríos…
Y las sendas se fueron
ensanchando,
progresivamente,
y luego de miles 
de generaciones
se formaron los caminos
del nuevo humanismo…

Los hombres persiguen
a los hombres,
los hombres acosan
a los hombres,
los hombres esclavizan
a los hombres,
los hombres violentan
a los hombres,
los hombres matan
a los hombres.
Los hombres, los hombres…





Preso

Caminos intangibles del alma humana.


II

No son las cadenas
que un buen día arranqué,
tampoco las cárceles
que de fuerte manotazo derribé,
ni tan siquiera los grilletes
que con paciencia fui limando
para liberar mis manos
y encadenarlas a tu cintura,
por siempre; para toda
la eternidad sería tu prisionero,
aun a pesar de los pesares
renunciaría a mi libertad
y me declararía preso de tu amor.

Y así pasen cien años
y mis dedos se hundan
en tus caderas y se conviertan
en carne de tu carne
en el renacer de mi ser
andrógino, conformado
en la confluencia de tu vida y mi vida.





Preso y postrado

Eran los ojos ciegos del sueño quienes veían tu espectro ondulante de luz y ritmo, quietamente mi ser permanecía embelesado, esperando el milagro de liberarme de la cárcel de mi cuerpo para iniciar el vuelo que había de llevarme a tu presencia. Una fuerza brutal me retenía acostado sobre el catre de mi celda, por más que me esforzaba todo era inútil, no había modo de superarla. El paraíso de tu cuerpo estaba en ti y yo permanecía prisionero de aquella fuerza descomunal postrado en el desierto de mi soledad; anhelando llegar a tu lado y fundirme en tu carne, cálida y blanca como bosque de calas, al encuentro de la fragancia de tu aroma, la pureza de tu alma, la nobleza y rectitud de tu espíritu mil milenario.

Nada que hacer, postrado, preso, alicortadas mis alas permanecí el tiempo del sueño sobre el catre de mis desventuras, esperando el milagro de mi liberación que habría de propiciar nuestro encuentro. Cuando la presión cesó yo creí que podría liberarme y llegar a ti, pero la sirena de la cárcel me despertó a la terrible realidad del momento; el tiempo de dormir había concluido y se iniciaba una nueva andadura por los fríos corredores de la nada. Fue patético, te lo juro, aquella mañana mi alma quedó aterida de espanto.







Mi casa es la casa del sol.
La Cárcel de mi Existencia 


IV

Aquel, que en mi infancia fuera
mi amigo, me ha abandonado.
Recuerdo, cuando de niño,
yo le ofrecía mi rostro de leche
al viento obstinado; a mi llamada
llegaba raudo y nos poníamos
a charlar, y nos entendíamos
bien en aquellos diálogos
ingenuos que manteníamos
en los llanos de la alta meseta
del Duero.  A mí me encantaba
apreciar su fuerza cuando soplaba
de cierzo, poderosa e invisible,
y a él le enamoraba mi insistencia.

Ahora que la cárcel de mi existencia
se ha hecho impenetrable, añoro
al amigo perdido, aquel que me diera
alegrías con mimo y acariciara mi cara.
Estoy sordo, ya no puedo escuchar sus ecos
que permanecen en el anonimato del silencio.






La Cárcel de mi Existencia y el Viento


Bajo la luna el viento obstinado era estremecedor, rugía como manada de lobos en la sierra al amparo de las sombras de la noche. En la viaja casa familiar ululaba sobre el tejado, hacía retemblarse los cristales de las ventanas y amenazaba con devorarnos de un momento a otro. En el hogar, la marmita borbollaba en el modesto fuego, y mis padres y hermanos hablaban de las cosas familiares hasta la hora de la cena; pero yo permanecía ausente, no podía taparme los oídos al sonido que insistente penetraba por el hueco de la gran chimenea. Me fascinaba su poderío y permanecía atento a cuantos cambios de registro se produjeran en sus notas; en ocasiones suaves y, en otras, como de acabarse el mundo precipitándose sobre nuestras cabezas. A mí no me asustaba, seguía los tiempos del concierto atento a su pentagrama, fascinado ante la belleza de aquella música.

Ahora, desde la cárcel de mi existencia, ya no escucho el sonido del viento, las alegrías se han acabado del mismo modo a como se agota el agua en el desierto, por absorción en la arena estéril. La carne se ha aflojado y me falta la fuerza que en tiempos era generosa conmigo; apenas percibo la luz y me sumerjo en mi mundo de tinieblas temeroso de cuanto me rodea. Abandonado a mi suerte lamento la pérdida del esplendor de mi vida, que se fue agotando al borde de los caminos por donde transité.







Porque el hombre debe ollar la tierra
al encuentro de su sí mismos.
La Cárcel de mi Angustia 


I

Demasiados ruidos
en el entorno de la ciudad
para que sea factible
la liberación del alma,
que se acongoja
pensando en la fría
soledad revestida
de hormigón y asfalto.
¿Será que la tecnología
angustia el alma del hombre?

No sé qué pensar, hoy
me siento abatido; desde
la cárcel de mi angustia limosneo
migajas de libertad, para 
saciar el hambre de mi alma
antes que muera de inanición,
ahogando sus últimos gritos
por aquello de ser discreta
y prefiera pasar desapercibida
del resto de las gentes.






 La Cárcel de mi Angustia y la Varita Mágica


Por más que lo intento no encuentro la varita mágica que, siendo niño, me regaló el hada de mis sueños en mi primer cumpleaños; necesito encontrarla porque la angustia de vivir ya es una montaña insalvable y no hallo la fórmula para vencerla y así poder encontrar un poco de alivio, algo de calma y unas dosis de felicidad. Atrás van quedando uno tras otro los años vividos que se desprenden de las cuentas de mi collar del destino, y yo, por aquello del cansancio vital, cada vez arrastro más los pies al andar, señal inequívoca de que empiezan a faltarme las fuerzas. Sea como fuere tengo la obligación de luchar hasta el final y es lo que pienso hacer; aunque es verdad que me gustaría que la vida tuviera la delicadeza de regalarme los dos últimos años para convertirlos, simplemente, en sabáticos, de modo que yo pudiera viajar y tocarme las narices a dos manos.

A veces creo que mi alma está demasiado dolida, pero no quiero quejarme en demasía para que el día de mañana, cuando me muera, los cretinos no me llamen el llorón; y digo cretinos porque estoy seguro de que si yo les apunto a la cabeza, sus nombres, no se atreverán tan fácilmente a meterse con mi personaje histórico, para despachar cuantas memeces tengan a bien inventarse. Para mi horror todavía siguen insultando a la gran poeta, Rosalía de Castro, llamándola la llorona, supongo que eso lo hacen porque fue mujer, cosas de los prejuicios. La mujer que yo admito y que en vida fuera madre de la poesía social “Castellanos de Castilla”, y gran defensora de los bosques galaicos, poesía de la naturaleza. Con independencia de estas reflexiones, puedo aseguraros que mi alma sí está dolida, ¡claro que sí!; es la angustia vital del día a día que produce vivir en una sociedad de ignorantes esclavos, predispuestos a proclamar a los cuatro vientos las consignas de su esclavitud que ha usurpado la libertad natural de los hombres.   



En algún lugar encontraré la puerta para encaminarme a lejos.

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